miércoles, 19 de julio de 2017

La dueña


Le dijo que la amaba, que ella era la única dueña de su alma y de su corazón. Su amor fue correspondido. Se casaron y tuvieron una niña.

Pero luego de diez años se separaron por diferencias irreconciliables. Ella se fue de la casa y se llevó a la niña.

A los pocos días volvió, reclamando el alma y el corazón de su ex esposo. Se los tuvo que dar.

La falta de alma casi no se nota en el hombre, excepto quizá por su mirada perdida.

Sin embargo, el lugar donde estuvo el corazón nunca cicatriza del todo, y por más vendas que se ponga, la sangre siempre mancha un poco sus camisas.


Marcelo Adrián Gill Ibarra
La dueña 
Por favor, sea breve 2: Antología de microrrelatos
Ed. Clara Obligado, Páginas de Espuma

Fot. Elena Helfrecht