domingo, 18 de junio de 2017

Un caso teórico


No existen personas "buenas" ni "malas". Algunas son un poco mejores, o un poco peores, pero todas se mueven más por error que por malicia. La ceguera ante lo que ocurre en el corazón de los demás...; nadie ve definitivamente a los demás, sino a través de los defectos de su propio ego. Así es cómo todos nos vemos mutuamente en la vida. La vanidad, el temor, el deseo y la competitividad (deformaciones que se hallan en el interior de nuestro ego) condicionan la manera de ver a las personas con las que nos relacionamos. Si a las deformaciones de nuestro propio ego añadimos las deformaciones correspondientes al ego de los demás, veremos lo empañado que queda el cristal con el que nos miramos unos a otros. Es así en todas las relaciones de la vida, salvo cuando existe ese extraño caso de dos personas que se aman con la intensidad suficiente para eliminar esas capas de opacidad y ver el alma desnuda del otro. Esos casos me parecen puramente teóricos.

Carta de Tennessee Williams a Elia Kazan (fragmento)

Fotograma de Un tranvía llamado deseo