miércoles, 21 de junio de 2017

Hablo poco


Hablo poco. Hablo poco y cada vez hablo menos. En primer lugar porque me distraigo y olvido el tema de las conversaciones y en segundo lugar porque las personas no esperan que les responda sino que las oiga, lo que es fácil si asientes de vez en cuando y dices “Pues claro”, cuando me miran con las cejas levantadas a la espera de aprobación y aplauso. Me he hecho un especialista del “Pues claro”, que sé pronunciar por lo menos en veintitrés tonos diferentes, según el humor y el ímpetu (o la falta de él) del interlocutor, y si me preguntan con sorpresa “¿Pues claro qué?”, tuerzo la boca en una sonrisa enigmática y sutilmente aprobadora para que el otro, tranquilizado, deshaga sus dudas, me dé en el hombro una palmada satisfecha, suelte con alivio “Me di cuenta enseguida de que estabas de acuerdo conmigo” y se lance a un relato sinuoso en cuya primera curva me pierdo, aunque vuelva a murmurar pensando quién sabe en qué. (...) Algunas veces sustituyo esta forma de aplauso por un suspiro que significa “A mí me lo vas a decir”, o por el adverbio “Exactamente”, que al contrario de lo que se pueda imaginar es el más vago, inocuo y estimulante de los comentarios, aquel que posibilita a mi compañero explorar diversas variantes de su tema, cotejarlas, elegirlas, rechazarlas, enfrentar unas con otras, valorar su densidad y su peso “Exactamente” que en general hago seguir de la frase: “Ya te digo”, que hasta ahora se ha revelado como un éxito seguro.

António Lobo Antunes
Libro de crónicas

Fot. Alfio Monti Samà