viernes, 16 de junio de 2017

Cortesía


En un texto recogido por Juan Malara se enumeran los lutos que en el siglo XVI guardaban las viudas murcianas: el de recibo, el de consuelo, cinco de recuerdo y dos de alivio. En el primero, todos los que visitaban a la viuda, y que era exclusivamente personal femenino, renovaban el pésame y se sentaban en silencio una hora larga alrededor de la desconsolada, la cual se salvaba de vez en cuando con agua de azahar. Después del cabo de año, comenzaba el año de consuelo, en el que las visitas charlaban del tiempo, de un predicador célebre que conmovía a los fieles de tal o tal iglesia, de rogativas, de un prodigio que aconteció en Orihuela, y de bordados con lema. Al entrar en el primer año de recuerdo, la viuda convidaba a las visitas a frutas confitadas y bizcocho, y corrían en las veladas, discretamente, pequeñas copitas de vino dulce. Los otros años de recuerdo, estaban constituidos por visitas normales, con refresco y merienda; las visitas ponían a la viuda al tanto de las cosas que pasaban en la villa o ciudad, todo lo referente a casorios, bautizos y difuntos, amores que sonaban, y al final , incluso asuntos un poco picantes en los que siempre asomaba por la puerta de un patio interior la cabeza redonda de un canónigo. Luego, venían los años de alivio, y como ya no sabían que más cargas echarle encima a la viuda, la dejaban tirada en su salón.

Y no obstante todos los lutos, los encierros y las vigilancias, la verdad es que hubo muchas viudas alegres, y bastantes que pasaron a segundas nupcias, saltándose varios años de luto. Eso sí, cumpliendo con una cortesía cuya delicadeza salta a la vista: el nuevo marido vestía de riguroso luto todos los años que le faltaban a la viuda para cumplir al primer marido. Algunos segundos maridos protestaron diciendo que se sentían como cornudos, con tanto difunto interpuesto, y aducieron a la autoridad eclesiástica que aquella obsesión del finado no les dejaba gozar del matrimonio con la facilidad necesaria para engendrar hijos varones, diligentes, aficionados a las artes y a las letras, y bien dotados para la milicias de Su Majestad Católica. Se cree que fue el especioso argumento militar el que abolió la cortesía del luto de cumplido.


Composition, 1928