viernes, 24 de junio de 2016

Asesinato con atenuantes

Misha Gordin

Tengo suficiente tierrita en mis uñas.
Es que acabo de enterrarte.
Arduo fue el intento de eliminarte. Difícil fue el intento.
Casi  una quimera y, por momentos, una utopía... de las más enrevesadas.
Resultó difícil, sobre todo, convencer al corazón.
Siempre me juega un combate desde las antípodas.
Nunca acuerda ni con mi cuerpo ni con lo que pienso.
Tengo un corazón cobarde, poco lúcido y creyente.
Tan esperanzado él con esto del amor, como si fuera cierto.
Tuve largas reuniones argumentando lo imperioso de tu muerte.
Pero él salía con esto del lado izquierdo, del hilo rojo, del para siempre.
Tengo un corazón idiota. Sépanlo.
Así que, acabado el espacio del debate inteligente, le empecé a mentir.
Le dije al corazón que iba a quererte.
Que tus imbecilidades resultaban, en fin, encantadoras.
Que no desearte no implicaba abandonarte.
Que no arder de ganas... no era tan grave.
Que me gustaba fingir.
Que adoraba tus olores, tus chistes y tus torpezas.
Y se sentó en silencio entre las sábanas desordenadas, de dormir no más,
y brindamos con ron pero en silencio.
Mi corazón y yo, por fin de acuerdo.
Con un corazón dormido, intoxicado y en ponzoña. Así recorrí la noche.
Con un corazón espasmódico y trepidante, así recorrí esta calle.
Y te maté con certeza. Sin venganza. Con alivio.
Mordí uñas, tragué tierra.
Con un corazón arrojado a patadas a la alcantarilla es posible matar... para vivir.

Malena Martinic Magan


Javier Navarrete A Tale