martes, 31 de mayo de 2016

Como un faro abandonado


Y tengo por costumbre cumplir años
todos los veintiuno de noviembre,
un hecho que comparto, a ciencia cierta,
con hombres y mujeres de los que sólo sé
que comparten conmigo el día veintuno
de algún mes de noviembre.
Hubo también un tiempo en que ese día
no tenía relación con mi presencia
e incluso otro en el que nadie sabía
que existieran los meses y que uno de ellos
se llamara noviembre,
y también otro tiempo sin días veintiuno
para medir el tiempo,
—creo haberlo leído en algún sitio,
pero recuerdo que no entendí todo—.
Y hubo tiempos sin tiempo, y hubo tiempos sin mí.
Si como todos dicen —poco importancia tiene
que hubiera algún primero—, la historia se repite,
es probable que lleguen otros tiempos
en los que yo no esté; ni yo, ni aquellos otros
que comparten conmigo los meses de noviembre
y en todos esos meses el día veintiuno,
y que a pesar de ello parecen no ser yo.

Es demasiado azar y es poca la existencia:
quizá sea un alivio saber que en esta historia
apenas si se trata de una cuestión de tiempo.

Esta noche he soñado.

Abel Murcia

Fot. Christian Richter
Faro abandonado en la costa danesa