jueves, 10 de diciembre de 2015

Irene

sonalidalal

Soy la niña a la que si le preguntas de quién es te dice del cartero, del radio de aquella bicicleta que se clavó en el fémur, del cristal más pequeño de un jarabe barato para la tos, de la infección de aquella prostituta, de la flema que escupe el maleducado, del impulso de la patada a la máquina de refrescos del impertinente, de la composición del Prozac, del fundido a gris, de la explosión de una bombilla azul en las fiestas de un pueblo al norte de cualquier país, del 'no hay latido', del 'hora de la muerte'.
Soy la niña a la que si le preguntas de quién es te señala los restos de sangre en un airbag, la silueta de tiza, las flores en la cuneta, la sombra de la mujer. Y sólo soy la niña de la casa de debajo del árbol, de la astilla de la tumba de tus parientes menos cercanos, de la pólvora que queda de la bala que usó su padre para ver morir por primera vez a alguien y contárselo, del desgaste de la rueda antes del volantazo que salva al ciervo, del volante médico que te arranca, una a una, las plumas hasta confundirte. 

La niña de la mierda entre tus uñas, la de la serotonina con la menstruación todos los días del mes, la que abraza al gato y al conejo bajo el tren, la de la pelota en el cruce que espera tu imprudencia para que no vuelvas a dormir, la de la familia china que pagará los gastos ocasionados por perjudicar al país por el suicidio de su hija menor en el metro. 

Soy la niña de sus manos frías de otra. Frías como puertos de montaña cortados. 

Soy la niña que si le preguntas de quién es te dice del asfalto y la nieve. La que se tumba desnuda en la autopista en enero. La que finge estar dormida, bocabajo, en la autopista en enero. 
Y no espera ser atropellada.. 
Ni que la tapen.

Irene X