domingo, 23 de junio de 2019

Lo que no se recuerda


Lo que no se recuerda se acaba

Luis  Rosales 

Fot. Rafal Kazmierczak

Esto era


Esto era.
Tú estas
adonde ya no puedo acompañarte,
ni tú puedes ahora caer sobre mi miedo […]
En ti no había secretos,
había ritos y estremecimientos,
había lágrimas
que nos desposeían a los dos del tiempo.
Y una tristeza que te daba nombre.
Y una pérdida suma de las pérdidas.
El vacío de ti frente al vacío del mundo:
dos espejos reflejando cara a cara
una ausencia. Mi vida.

Esto es.
Esto era.

Juan Manuel Rodríguez Tobal
Esto era
Ed. Hiperión, 2018

Fot. vanniehernnan

lunes, 6 de mayo de 2019

Nunca será lo mismo


Lo malo de mi soledad es tu existencia.
Y que ya nunca será lo mismo estar solo,
que estar sin ti.
Y eso no hay corazón que lo soporte.



Sé tú mi límite


SÉ TÚ MI LÍMITE

Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.

Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.

Si tu acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.

Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.

Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.

No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.


domingo, 5 de mayo de 2019

Oscuridad hermosa


Oscuridad hermosa

Anoche te he tocado y te he sentido
sin que mi mano huyera más allá de mi mano,
sin que mi cuerpo huyera, ni mi oído:
de un modo casi humano
te he sentido.

Palpitante,
no sé si como sangre o como nube 
errante,
por mi casa, en puntillas, oscuridad que sube,
oscuridad que baja, corriste, centelleante.

Corriste por mi casa de madera
sus ventanas abriste
y te sentí latir la noche entera,
hija de los abismos, silenciosa,
guerrera, tan terrible, tan hermosa
que todo cuanto existe,
para mí, sin tu llama, no existiera.

Gonzalo Rojas

viernes, 3 de mayo de 2019

Los desarraigados


A menudo se ven, caminando por las calles de las grandes ciudades, a hombres y mujeres que flotan en el aire, en un tiempo y espacio suspendidos. Carecen de raíces en los pies y a veces hasta carecen de pies. No les brotan raíces de los cabellos ni suaves lianas atan su tronco a alguna clase de suelo. Son como algas impulsadas por las corrientes marinas y cuando se fijan a alguna superficie es por casualidad y dura sólo un momento. En seguida vuelven a flotar y hay cierta nostalgia en ello.

La ausencia de raíces les confiere un aire particular, impreciso; por eso resultan incómodos en todas partes y no se los invita a las fiestas ni a las casas, porque resultan sospechosos. Es cierto que en apariencia realizan los mismos actos que el resto de los seres humanos: comen, duermen, caminan y hasta mueren, pero quizás el observador atento podría descubrir que en su manera de comer, de dormir, caminar y morir, hay una leve y casi imperceptible diferencia. Comen hamburguesas Mac Donalds o emparedados de pollo Pokins, ya sea en Berlín, Barcelona o Montevideo. Y lo que es mucho peor todavía: encargan un menú estrafalario, compuesto por gazpacho, puchero y crema inglesa. Duermen por la noche, como todo el mundo, pero cuando despiertan en la oscuridad de una miserable habitación de hotel tienen un momento de incertidumbre: no recuerdan dónde están, ni qué día es, ni el nombre de la ciudad en que viven.

Carecer de raíces otorga a sus miradas un rasgo característico: una tonalidad celeste y acuosa, huidiza, la de alguien que en lugar de sustentarse firmemente en raíces adheridas al pasado y al territorio, flota en un espacio vago e impreciso.

Aunque algunos al nacer poseían unos filamentos nudosos que sin duda con el tiempo se convertirían en sólidas raíces, por alguna razón u otra las perdieron, les fueron sustraídas o amputadas, y este desgraciado hecho los convierte en una especie de apestados. Pero en lugar de suscitar la conmiseración ajena, suelen despertar animadversión: se sospecha que son culpables de alguna oscura falta, el despojo (si lo hubo, porque podría tratarse de una carencia de nacimiento) los vuelve culpables.

Una vez que se han perdido, las raíces son irrecuperables. En vano el desarraigado permanece varias horas parado en una esquina, junto a un árbol, contemplando de soslayo esos largos apéndices que unen la planta con la tierra: las raíces no son contagiosas ni se adhieren a un cuerpo extraño. Otros piensan que permaneciendo mucho tiempo en la misma ciudad o país es posible que alguna vez le sean concedidas unas raíces postizas, unas raíces de plástico, por ejemplo, pero ninguna ciudad es tan generosa.

Sin embargo, hay desarraigados optimistas. Son los que procuran ver el lado bueno de las cosas y afirman que carecer de raíces proporciona gran libertad de movimientos, evita las dependencias incómodas y favorece los desplazamientos. En medio de su discurso, sopla un viento fuerte y desaparecen, tragados por el aire.

Cristina Peri Rossi
Los desarraigados
en La ciudad de Luzbel, 1992

jueves, 2 de mayo de 2019

Desvanes


Subiré la tristeza a los desvanes
con la muñeca sin ojos y el paraguas roto,
el cartapacio vencido, la tarlatana vieja.
Y bajaré los peldaños con un vestido de alegría
que habrán tejido arañas sin cordura.

Habrá migas de amor en los bolsillos.

traducción de Carlos Vitale


Mariposa


Nunca he visto una mariposa que vuele 
llevando carga en la espalda 
o colgándose la carga como un helicóptero. 
La mariposa tiene tan sólo un cuerpo liviano. 
El cuerpo es toda su fortuna. 
No tiene pertenencias. 
Ligera, sin poseer nada, anda volando. 
Las flores son sus tabernas.
Las hojas son moradas que las protegen de las lluvias. 
Su vida es una danza que se despliega en lo alto. 
La culminación de la danza es su muerte. 
Al morir envejecida no tiene nada que desear. 
No tiene nada que desear 
y por eso es libre, incluso al morir.

Mariposa

Dragon Fly 1, 2014


miércoles, 1 de mayo de 2019

Conocer


Conocer consiste en interpretar, interpretar consiste en relacionarse con algo o alguien, relacionarse consiste en vivir herido, atado, afectado, conmovido...

Friedrich Nietzsche

841, from Nakazora series

Nosotros dos


Los dos tomados de la mano
En cualquier lugar estamos en casa
A la sombra de un árbol dulce
Bajo el cielo negro
Bajo cada techo en la intimidad
En la calle vacía a pleno sol
En los vagos ojos de la multitud
Al lado de los sabios y de los locos
Entre los niños y los adultos
El amor no tiene nada misterioso
Nosotros somos la evidencia
Los amantes siempre se sienten en casa.

Nosotros dos
De «El Fénix» (1951)

Reposición


REPOSICIÓN 

Si el mundo es un teatro, 
o bien un cine, 
y una película u obra nuestras vidas, 
aún se ha de estar representando, 
reponiendo en una sala de provincias, 
la historia que tú y yo compartimos 
estrenando un amor que, como todos, 
muy pronto abandonó la cartelera. 

Quiero pensar que ahora, en algún sitio, 
podría volver a vernos como entonces 
aunque fuesen fugaces las escenas, 
aun sabiendo que no era más que un clásico: 
aquello que jamás regresará 
y habita sin embargo entre nosotros. 

Si todo fuera tan sencillo 
como ir y comprar dos entradas. 


martes, 30 de abril de 2019

Memoria


Que extraño puede ser,
al cabo de los años, el amor,
o la memoria del amor, o el rastro
que deja, al apagarse, la memoria.


lunes, 29 de abril de 2019

Ladera abajo


Saber que soy mortal me reconforta.
Todo el peso del mundo
que sostienen mis hombros
ha de rodar un día, sin mí, ladera abajo.